La pintura de Silvia Pinal hecha por Diego Rivera: guía completa

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silvia pinal pintura de diego rivera
Silvia Pinal pintura de Diego Rivera

La icónica pintura de Silvia Pinal por Diego Rivera fue un regalo del muralista a la actriz. En una famosa anécdota, Silvia Pinal, preocupada por el costo, le preguntó al pintor cuánto le cobraría. La respuesta de Rivera fue: “O no le cobro, o le cobro muchísimo, usted decide”. Ante esto, Pinal aceptó el obsequio. El retrato, pintado en 1956, es hoy una de las obras más valiosas del arte mexicano, con un valor estimado de más de 3 millones de dólares, y se encuentra en la casa de la familia Pinal en el Pedregal.

El Retrato que Inmortalizó a una Diva

Hay obras de arte que trascienden el lienzo. Son más que una simple pintura; son el testimonio de un encuentro entre dos leyendas, la captura de un momento en el tiempo que se vuelve eterno. Y en la sala de la icónica mansión de Silvia Pinal en el Pedregal, cuelga una de esas obras: el imponente retrato que le hizo el mismísimo Diego Rivera.

Esta pintura no es solo una de las piezas más reconocidas del muralista y un tesoro del arte mexicano; es el símbolo de una fascinante relación de admiración y amistad entre dos de las figuras más grandes de la cultura de nuestro país en el siglo XX. La historia de cómo una joven y deslumbrante Silvia Pinal fue inmortalizada por el genio de Rivera, y la increíble anécdota de cómo la pintura llegó a sus manos, es tan legendaria como la obra misma.

El Encuentro de dos Gigantes: ¿Cómo Nació la Pintura?

La historia nos lleva a la década de 1950. Silvia Pinal ya era una de las estrellas más rutilantes del Cine de Oro mexicano, y estaba construyendo su famosa casa en el Pedregal de San Ángel. Su arquitecto, Manuel Rosen, tenía un amigo que, casualmente, era Diego Rivera.

Fue Rosen quien tuvo la idea y quien los presentó. Pinal, consciente de estar ante una leyenda, quedó fascinada por la inteligencia y la sensibilidad del pintor. Y Rivera, a su vez, quedó cautivado por la belleza, el porte y la elegancia de la joven actriz. De ese encuentro nació la propuesta: Diego Rivera pintaría un retrato de Silvia Pinal.

Pintura de Silvia Pinal
Pintura de Silvia Pinal

El proceso duró meses. Silvia posó para el maestro en su estudio de San Ángel. El resultado, entregado el 3 de noviembre de 1956, fue una obra maestra. La pintura muestra a una Silvia Pinal de pie, con la mirada firme, una mano en la cintura, ataviada en un elegante vestido negro y con el cabello recogido. Rivera no solo capturó su belleza física, sino su fuerza, su sensualidad y la increíble presencia que la caracterizaba.

¿Hubo Romance entre Silvia Pinal y Diego Rivera?

La innegable química y admiración mutua entre ambos desató rumores. ¿.

El maestro Diego era un poeta, era un hombre divino, con una sensibilidad a flor de piel. Conmigo fue un caballero, jamás hubo nada de nada, pero sí era muy cariñoso y me escribía versos y pintaba monitos y sí era muy lindo, pero nada más”.

Su relación fue una de profunda amistad y admiración artística, pero no trascendió al plano romántico.

La Pregunta del Millón: ¿Cuánto le Cobró Diego Rivera a Silvia Pinal?

Aquí es donde la historia se vuelve legendaria. A medida que la pintura avanzaba y su belleza se hacía evidente, una preocupación comenzó a rondar la cabeza de Silvia Pinal: ¿cuánto me va a costar esto?

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Diego Rivera era, en ese momento, el artista más famoso y cotizado de México. Pinal sabía que el precio sería astronómico y la angustia de cómo iba a pagarlo no la dejaba en paz. Así que, armándose de valor, decidió enfrentar al maestro.

Pintura Silvia Pinal
Imagen de Infobae

En sus propias palabras, la conversación fue más o menos así:

Mire maestro, yo estoy muy preocupada, es usted tan famoso, mi cuadro está divino, pero yo necesito saber cuánto me va a costar”, le dijo Pinal.

La respuesta de Diego Rivera fue tan genial como su arte, una mezcla de humor, generosidad y un toque de excentricidad.

“¿Qué le parece si no le cobro?”, le respondió el pintor.

Silvia, apenada, insistió en pagarle, en darle algo por su increíble trabajo. “No, no, no, maestro, no se trata de eso. No mucho, pero cóbreme”, le suplicó.

Rivera, con una sonrisa, le dio el ultimátum que sellaría el destino de la pintura:

“No. O no le cobro, o le cobro mucho”.

Ante tal disyuntiva, Silvia Pinal no tuvo más opción que aceptar el regalo más increíble de su vida. Y así, sin pagar un solo peso, se convirtió en la dueña de una de las obras más importantes de Diego Rivera.

El Valor Actual del Cuadro y su Futuro

Hoy, esa pintura de Silvia Pinal por Diego Rivera es una pieza invaluable. Aunque es difícil ponerle un precio a una obra con tanto valor histórico y sentimental, los expertos estiman que su valor en el mercado del arte rondaría los 3 millones de dólares (unos 60 millones de pesos), aunque podría ser mucho más.

Durante años, ha sido la pieza central de la casa de Silvia Pinal, presidiendo el comedor y siendo testigo de incontables reuniones de la Dinastía Pinal.

Pintura Silvia Pinal
Imagen de Excelsior

¿Qué pasará con el cuadro?
El destino de la pintura ha sido objeto de mucha especulación. Su hija, Sylvia Pasquel, ha aclarado que la obra es considerada Patrimonio de la Nación, lo que significa que no puede salir del país y su manejo está regulado por el Instituto Nacional de Bellas Artes.

La propia Silvia Pinal, antes de su fallecimiento, declaró que la pintura sería heredada por sus tres hijos: Alejandra Guzmán, Luis Enrique Guzmán y Sylvia Pasquel. “Lo voy a dejar a mis hijos. Cuando ya no esté, ellos decidirán”, comentó, abriendo la posibilidad de que la obra sea eventualmente donada o vendida a un museo, como el Museo Diego Rivera, para que pueda ser apreciada por todo el público.

Un Legado Inmortal

La historia de la pintura de Silvia Pinal por Diego Rivera es un hermoso capítulo en la historia cultural de México. Es el relato de un regalo generoso, de una amistad improbable y de un momento en el que el arte y el cine se encontraron para crear algo eterno.

Hoy, la pintura no es solo el retrato de una de las últimas divas del Cine de Oro; es un símbolo de la conexión entre dos íconos que, cada uno a su manera, definieron el siglo XX en México. Y es un recordatorio de que, a veces, las mejores cosas de la vida, como el arte y la amistad, simplemente no tienen precio.

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