Se ha producido una caída masiva de Amazon Web Services (AWS), la plataforma de computación en la nube más grande del mundo. El fallo, originado en la región US-EAST-1 (una de las más importantes), ha provocado un efecto dominó global, afectando a miles de servicios, aplicaciones y páginas web que dependen de su infraestructura. En España, la situación se vio agravada por una caída simultánea de Redsys, la principal red de procesamiento de pagos con tarjeta. La combinación de ambos incidentes ha causado un caos generalizado, impidiendo desde jugar a Fortnite hasta pagar en supermercados y aeropuertos. Amazon ha confirmado que está trabajando para resolver el problema.
El día que el mundo digital se detuvo
Esta mañana, millones de personas en España y en todo el mundo se despertaron en un internet roto. Aplicaciones que no abrían, páginas web que no cargaban, videojuegos que no conectaban y, para colmo, datáfonos que no aceptaban tarjetas. No fue un ciberataque coordinado ni el inicio de una película apocalíptica, sino algo mucho más simple y, a la vez, mucho más aterrador: la caída de un gigante.

Amazon Web Services (AWS), la columna vertebral invisible sobre la que se sostiene una parte enorme de la internet moderna, sufrió una interrupción masiva, provocando un efecto dominó que paralizó a decenas de servicios que utilizamos a diario. Y como si eso no fuera suficiente, en España, la principal red de pagos electrónicos, Redsys, también colapsó, sumiendo al país en un caos digital y comercial.
Anatomía de un colapso: ¿Qué salió mal en AWS?
Todo comenzó a primera hora de la mañana en España (aproximadamente a las 08:30). Los reportes de fallos empezaron a inundar las redes sociales.
- El origen del problema: según los comunicados de Amazon, la incidencia se originó en su región de servidores US-EAST-1, ubicada en Virginia del Norte. Esta no es una región cualquiera; es una de las más antiguas y grandes de AWS, y muchos servicios globales la utilizan como su centro de operaciones principal.
- El fallo técnico: el problema, según Amazon, fue un “aumento en las tasas de error y latencias” relacionado con el sistema de DNS (Sistema de Nombres de Dominio). En términos sencillos, el DNS es como la “agenda de contactos” de internet; traduce los nombres de las páginas web (como google.com) a las direcciones IP numéricas que las computadoras entienden. Cuando el DNS falla, es como si internet perdiera su capacidad de encontrar a dónde ir.
- El efecto dominó: aunque el problema inicial estaba en Estados Unidos, su impacto fue global. Miles de aplicaciones y servicios que alojan su infraestructura principal en US-EAST-1 dejaron de funcionar para sus usuarios en todo el mundo, incluyendo Europa y España.
La lista de “víctimas”: ¿Qué servicios se cayeron?
La lista de servicios afectados es un “quién es quién” del mundo digital:
- Videojuegos: Fortnite, Roblox, League of Legends, Apex Legends.
- Redes sociales y comunicación: Snapchat, Trello, Zoom.
- Almacenamiento en la nube: Dropbox.
- Streaming: partes de Disney+, HBO Max y, paradójicamente, hasta el propio panel de estado de AWS.
- IA y productividad: herramientas como Perplexity AI.

El caos en España: la caída simultánea de Redsys
Mientras el mundo digital se tambaleaba por la caída de AWS, en España la situación se agravó por un problema local. Redsys, la empresa que procesa la gran mayoría de los pagos con tarjeta de crédito y débito en el país, también sufrió una caída.

- Pagos rechazados: de repente, pagar con tarjeta se volvió una lotería. Supermercados como Mercadona, cafeterías emblemáticas como La Mallorquina en Madrid, y miles de otros comercios vieron cómo sus datáfonos dejaban de funcionar.
- Bizum, a medias: el popular sistema de pagos instantáneos, Bizum, también presentó problemas intermitentes, dependiendo del banco del usuario.
- Aeropuertos, solo en efectivo: Aena, el gestor de los aeropuertos españoles, tuvo que avisar a través de sus redes sociales que no era posible pagar con tarjeta en los aparcamientos de su red.
¿Fue una coincidencia?
Redsys, en su comunicado, atribuyó el fallo a “un problema puntual y parcial en la infraestructura de comunicaciones” y afirmó que se trató de un “incidente aislado, no vinculado con ninguna otra avería”. Sin embargo, la coincidencia en el tiempo con la caída de AWS ha levantado sospechas sobre si parte de la infraestructura de Redsys también podría depender, de alguna manera, de los servicios de Amazon.
La respuesta de los gigantes
- Amazon: la compañía ha estado publicando actualizaciones constantes en su panel de estado. Tras varias horas de trabajo, comunicaron que “el problema subyacente de DNS se ha mitigado” y que la mayoría de los servicios estaban volviendo a la normalidad, aunque advirtieron que la recuperación total podría llevar más tiempo.

- Redsys: aseguró haber resuelto la incidencia “en un breve plazo de tiempo” y que el servicio ya se encontraba operativo.
Una lección sobre la fragilidad de la nube
Este “apagón” digital es un poderoso recordatorio de lo increíblemente centralizada y, por lo tanto, frágil, que es la internet moderna.
- La tiranía de la nube: hemos confiado la infraestructura de nuestro mundo digital a un puñado de gigantes tecnológicos (AWS, Microsoft Azure, Google Cloud). AWS, en particular, domina el mercado.
- Un punto único de fallo: la caída de una sola región de servidores, como US-EAST-1, puede tener consecuencias catastróficas a nivel global. Demuestra que, a pesar de la promesa de descentralización de la nube, todavía existen puntos únicos de fallo.
- La dependencia invisible: la mayoría de nosotros no somos conscientes de cuántos de los servicios que usamos a diario dependen de AWS. Desde la app que usas para pedir comida hasta el videojuego al que juegas por la noche, es muy probable que Amazon esté detrás.
El día que recordamos que internet es físico
La caída masiva de AWS y Redsys ha sido una lección de humildad para la era digital. Nos ha recordado que “la nube” no es una entidad etérea que flota en el cielo; son edificios reales, llenos de servidores, cables y sistemas de refrigeración, operados por humanos y susceptibles a errores.
Este evento nos obliga a reflexionar sobre nuestra dependencia de estas infraestructuras centralizadas y sobre la necesidad de construir una internet más resiliente y distribuida.
Por ahora, los servicios están volviendo a la normalidad. Pero el caos de esta mañana ha dejado una cicatriz, un recordatorio de que, en el siglo XXI, un fallo de DNS en Virginia puede hacer que no puedas pagar tu café en Madrid. Y esa es una realidad tan fascinante como aterradora.
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