La vida de Ana Bárbara, la icónica “Reina Grupera”, ha sido un torbellino de éxitos y desafíos. Detrás del brillo de los escenarios, la cantante, cuyo nombre real es Altagracia Ugalde, ha enfrentado momentos de profundo dolor que han dejado huellas imborrables. Uno de los episodios más devastadores fue la trágica muerte de su hermana Marissa Ugalde, un suceso que marcó para siempre a la familia y cuya última voluntad tardaría años en ser cumplida.

El impacto de una partida inesperada: el accidente que cambió todo
La noticia de la muerte de Marissa Ugalde fue un golpe devastador para Ana Bárbara y su familia. La cantante, en plena preparación de un nuevo álbum, recibió la llamada que cambiaría su vida para siempre en el año 2001. En emotivos relatos, Ana Bárbara ha compartido el dolor de ese momento:
“Cuando mi mamá me dice: ‘Marissita, tu hermana, se mató’ (…). Yo le dije que se tranquilizara, pero ella me reafirmó la noticia. Luego ella me vuelve a decir: ‘Te pido un favor: no se vengan alocados en la carretera, vengan despacito porque no quiero perder otro hijo’”.
Estas palabras, pronunciadas con la voz entrecortada, revelan la magnitud de la tragedia. El impacto fue inmediato y profundo. Ana Bárbara recuerda haberse reunido con sus hermanos en un estado de shock, buscando consuelo mutuo mientras se dirigían a abrazar a su madre. La pérdida de Marissa dejó una herida que, con el tiempo, no se desvanecería, sino que se transformaría en una constante en la vida de la cantante.

La exhumación de restos: un acto de amor y última voluntad
Quince años después del fallecimiento de Marissa, la familia Ugalde enfrentó otro desafío cargado de emociones: la exhumación de los restos de Marissa. Esta decisión, lejos de ser un acto de olvido, fue un profundo gesto de amor y respeto para cumplir una de las últimas voluntades de la fallecida. Marissa había expresado su deseo de ser incinerada y que sus cenizas reposaran en su rancho, un lugar lleno de significados personales para ella.
La ceremonia de exhumación, llevada a cabo en 2017, fue un momento de gran intensidad emocional, donde la familia tuvo que confrontar una vez más el dolor de la pérdida, pero con la satisfacción de haber honrado el deseo final de su ser querido. Este acto subraya la profundidad del vínculo familiar y el poder de la memoria para mantener viva la esencia de quienes ya no están.
La memoria de Marissa sigue viva a través de su hija, también llamada Marissa, quien mantiene una relación cercana con su tía Ana Bárbara. La cantante a menudo comparte momentos y recuerdos en sus redes sociales, presumiendo a su sobrina y manteniendo viva la llama del amor fraternal. La historia de la hermana de Ana Bárbara murió es un testimonio de la resiliencia humana ante la adversidad y la capacidad del amor para trascender la muerte. Para más detalles sobre este emotivo relato, puedes consultar artículos en el Heraldo de México o en El Comercio Perú.








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