¿Alguna vez has sentido hambre, frío o has sentido que no perteneces al lugar donde estás? Imagínate que las horas en las que estás bajo esas condiciones se convierten en días, los días en semanas, las semanas en meses y los meses en años. Imagina que no existe persona alguna, lo suficientemente humana, como para decir “no estás solo, yo te ayudo”.
¿Es que acaso no sabemos lo que la realidad es, o simplemente no lo queremos ver? La sociedad se está desmoronando, no funciona y una de las razones es la exclusión que nosotros mismos provocamos, la apatía de no ayudar al que lo necesita. La gente está muriendo de hambre, de frío, de sed o prefieren quitarse la vida con tal de no seguir en este mundo que para ellos es injusto y que nosotros lo hemos hecho así.
En 2017 según la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México: 40.3% de la población indígena declaró haber sido discriminada por su condición de persona indígena; 58.3% de las personas con capacidades diferentes fueron discriminadas por su condición; 43% de las personas no estarían de acuerdo con que su hija o hijo se casarán con una persona del mismo sexo.
Enrique Jardiel, dramaturgo español, define a la sociedad como “el organismo podrido que se conserva bajo el hielo de la hipocresía”. Y sí, somos una sociedad hipócrita porque nos quejamos del entorno, pero cuando vemos sufrir a alguien preferimos mirar a otro lado y fingir que ahí no hay nadie pidiendo ayuda; preferimos criticar a las personas porque es más fácil que aceptarlas.
¡Qué ironía de sociedad! Discriminamos a quien tiene capacidades diferentes, sin saber que la sociedad es la misma discapacitada. Así es, somos una sociedad discapacitada porque estamos ciegos al dolor, al hambre, al sufrimiento ajenos; estamos mudos a las injusticias, ofensas y discriminación a las demás personas; vivimos paralíticos por la sed de poder, el egoísmo y la corrupción.
¿Qué sociedad es esta? Nada nos cuesta ayudar al niño que tiene semanas sin comer, al anciano que hoy está muriendo porque su soledad se ha vuelto su agonía; respetar a quien tiene capacidades diferentes, a quien tiene diferentes gustos que tú y que yo, simplemente respetar a los demás porque nunca entenderemos la vida que no nos tocó vivir.
Todas esas personas que están sufriendo exclusión social, son seres humanos dignos, y son dignos de ser incluidos en esta que también es su sociedad. A ti y a mi no nos cuesta nada ayudar, piénsalo, no se trata de dar lo que te sobra sino de compartir lo que tienes. Hay que ser lo suficientemente valientes para dar sin esperar recibir nada a cambio, eso es responsabilidad social; ¡regresar un poco a la humanidad de lo mucho que nos da!
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