El jocoque es un fermento milenario, con textura cremosa y sabor entre ácido y suave, se abre paso de nuevo en refrigeradores citadinos y menúes gourmet no solo por su sabor, sino por sus beneficios para la salud que la ciencia moderna está empezando a entender.
En un pequeño pueblo de la sierra de Oaxaca, doña Irma aún guarda el secreto que su abuela le enseñó: dejar reposar la leche en una vasija de barro cubierta con manta, dejar que el tiempo y la paciencia hagan su magia y luego disfrutar el resultado: jocoque, un alimento que más que una receta, es un legado.

Un superalimento nacido de la fermentación
El jocoque, también conocido como labneh o kéfir espeso en otros rincones del mundo, es un tipo de leche fermentada rica en probióticos naturales. Su elaboración —generalmente a partir de leche de vaca o cabra— permite que bacterias benéficas transformen la lactosa en ácido láctico, lo que lo vuelve más fácil de digerir para personas con intolerancia a la lactosa.
Según la nutrióloga Mariana Gómez, “el jocoque es un probiótico natural que ayuda a repoblar la microbiota intestinal. Esto tiene un impacto directo en nuestra digestión, sistema inmunológico e incluso en la salud emocional”.
¿Qué beneficios tiene el jocoque para tu cuerpo?
Aquí algunas razones por las que cada cucharada cuenta:

Mejora la digestión: Gracias a su contenido de bacterias vivas, fortalece el equilibrio intestinal y previene el estreñimiento.
Fortalece el sistema inmunológico: Al mejorar la microbiota intestinal, ayuda al cuerpo a defenderse mejor de infecciones.
Es fuente de proteína y calcio: Ideal para fortalecer huesos, músculos y mantener saciedad.
Reduce la inflamación: Estudios recientes lo relacionan con menores niveles de inflamación crónica, ligada a enfermedades como la diabetes o la colitis.
Puede mejorar el estado de ánimo: Existe una fuerte conexión entre el intestino y el cerebro; una flora intestinal sana se asocia con menos síntomas de ansiedad y depresión.
Una cucharada de historia viva en la mesa moderna
Aunque muchos lo asocian con las cocinas del Medio Oriente, en México el jocoque tiene un arraigo profundo en comunidades rurales, especialmente en el norte del país. En lugares como Nuevo León, Durango o Coahuila, es común encontrarlo servido con aceite de oliva, sal, o mezclado con chile en polvo y hierbas.
“Cuando era niña, mi madre lo hacía cada semana”, cuenta Laura Barragán, originaria de Linares, NL. “Lo comíamos con tortillas de harina calientitas, y si había suerte, con un poco de machaca”.
Hoy, el jocoque está regresando, pero también evolucionando. Puedes encontrarlo en tiendas gourmet, ferias orgánicas, o incluso hacerlo en casa con leche y unas gotas de limón.
¿Cómo integrarlo en tu dieta diaria?
Úsalo como dip saludable con pepino o zanahorias.
Agrégalo a tus ensaladas como aderezo cremoso con limón y aceite de oliva.
Úntalo en pan tostado con aguacate y sal de mar.
Sustituye la crema o mayonesa en tacos o sándwiches.
Acompáñalo con fruta, nueces y miel para un desayuno nutritivo.
Una invitación a volver a lo natural
En tiempos donde la alimentación parece dominada por etiquetas y ultraprocesados, el jocoque nos recuerda la sabiduría de lo simple: leche, tiempo, bacterias buenas, y paciencia. Un alimento humilde que fortalece desde adentro.
Quizá sea momento de mirar menos al supermercado y más a nuestras raíces. Como dice Doña Irma, mientras revuelve el jocoque en su cocina: “Entre más vivo esté el alimento, más te va a cuidar”.







