Michele Martos
El bullying, como ahora todos conocemos al acoso escolar, no es ninguna novedad. Este ha existido desde que los humanos existen. Sin embrago, socialmente ha cobrado importancia debido a las consecuencias tan terribles que conlleva y que cada día se manifiestan de manera más violenta.
Pero ¿qué es el bullying? este es considerado como cualquier acción violenta que se genera contra otro. Pero yo no lo limitaría solo a acciones, sino también a cualquier omisión violenta que se genera contra otro. En este orden de ideas, estas acciones pueden ser físicas, como golpes, empujones, jalones y zapes entre otras. Estas acciones también pueden ser psicológicas o emocionales, es decir, burlas, apodos, amenazas, gritos, insultos, miradas despectivas y de desaprobación, entre otros. Y dentro del catálogo de omisiones violentas podríamos encontrar el rechazo, la no inclusión, ignorar, e invisibilizar al otro, entre muchas más.
La gran pregunta surge cuando analizamos detenidamente qué es el bullying, ya que estas acciones y omisiones violentas no surgen en los colegios de manera aleatoria o por generación espontánea, entonces ¿el verdadero origen del bullying es el colegio o es la familia? Aquí la respuesta que tiene como finalidad el replanteamiento del manejo que actualmente se le da al bullying.
Sabemos que la estructura de familia tradicional y socialmente conocida se ha modificado en las últimas décadas de manera sustancial, sin embargo, la familia debe seguir cumpliendo con su principal función que es la de lanzar a la sociedad, como una centrífuga, seres humanos felices, plenos e independientes, tanto económica como emocionalmente. Por lo que es solo dentro de este núcleo que deben de generarse las condiciones propicias para el logro de tales objetivos. Sin embargo, hoy por hoy observamos una gran crisis de la familia, en donde los miembros de la pareja, quienes deben ser el sustento de la familia, carecen de los elementos necesarios para cumplir con tal función.
Una pareja debe estar conformada por dos individuos plenos, felices y realizados, quienes han trabajado comprometidamente con su propio bienestar emocional, desarrollo humano y de consciencia; ya que solo de esta forma podrán entregar lo mejor de su ser a su familia. Sin embargo, un alto porcentaje de las parejas se conforman por seres incompletos esperando ser llenados por sus parejas, hambrientos de amor, comprensión y apoyo, cuyas propias carencias y necesidades de infancia sin resolver son proyectadas y reflejadas en primera instancia en sus parejas y posteriormente en sus hijos.
Hoy vivimos una gran crisis de la familia, con padres insatisfechos y frustrados emocionalmente quienes ejercen exactamente las mismas acciones y omisiones que he descrito al hablar de lo que es el bullying, contra sus hijos. Padres violentos, quienes no solamente agreden física, verbal y emocionalmente a sus hijos, descargando en ellos todas sus frustraciones y amargura. Padres que omiten a sus hijos invisibilizándolos, y reduciéndolos a la insignificancia, por enajenar sus mentes en el alcohol, drogas, celulares, series, redes sociales y exceso de consumismo, buscando desesperadamente huir de su triste existencia. Creando niños solitarios, no mirados, no amados, carentes de valores, de límites y de guía que sustente su existencia y les brinde seguridad. Niños que más adelante proyectan su desolación de las formas más violentas dentro de las aulas. A quienes socialmente consideramos delincuentes juveniles sin comprender que son víctimas inocentes de unos padres totalmente ausentes.
Hoy necesitamos crear una nueva humanidad en la que cada ser humano se responsabiliza de su propio bienestar emocional, cortando las cadenas de violencia y patrones de conducta aprendidos en la infancia. Es tiempo de dejar de culpar a nuestros padres y asumir las riendas de nuestro propio crecimiento, en aras de transformar las parejas, las familias y la sociedad.
Esta transformación inicia contigo, con cada individuo, buscando sanar sus heridas de infancia, para no repetirlas y proyectarlas en las nuevas generaciones. Convirtiéndonos en los seres amables y maravillosos que habitan debajo de esa armadura que solo malluga a cuantos conviven con ella.
El perdón se vuelve la llave fundamental en la liberación de esas heridas, sin embargo, en muchos de los casos requerimos de apoyo profesional para poder dar ese gran paso liberador.
Te invito a un Consulta para trabajar con la máxima profundidad y valentía con tus heridas del pasado y puedas liberarte y convertirte en un ser amoroso y amable, principalmente con tus hijos y seres queridos.
¡Todo comienza en ti!









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