Vivimos en una época en la que no tener internet es como no tener luz. Es básico. Y sin embargo, millones de mexicanos siguen desconectados, como si vivieran en otro siglo. Justo para cambiar eso, el gobierno ha puesto sobre la mesa una nueva Ley de Telecomunicaciones, un plan bastante ambicioso que suena a una pequeña revolución digital: conectar a los casi 16 millones de personas que hoy están, básicamente, a oscuras.
Pero, ¿cómo piensan lograr algo tan grande?
El cambio más fuerte que propone esta reforma es que el Estado se va a meter de lleno a ser proveedor de internet. Ya no será solo el que pone las reglas, sino que se arremangará para llevar la conexión a donde no ha llegado. La presidenta Claudia Sheinbaum y José Antonio Merino, de la Agencia de Transformación Digital, lo han dicho claro: esto es por un tema social, no solo de negocio.

La frase de Merino, “el acceso a internet es parte del ejercicio de la libertad”, lo resume todo. Ya no vemos internet como un lujo para ver series, sino como una herramienta para poder estudiar, informarse o simplemente participar en el mundo de hoy.
Y es que las cifras duelen: aunque el 92% de la gente vive en zonas con señal, hay 10.2 millones de personas en lugares donde simplemente no hay cobertura, y otros 4.4 millones que, aunque la tienen, no les alcanza para pagarla.
Empoderando a las comunidades y cuidando al usuario
Una de las ideas más interesantes de esta ley es cómo planea usar el espectro radioeléctrico que está “sobrando”. Todo ese espacio que no se usa para negocios ahora podrá ser aprovechado por radios comunitarias para dar internet o telefonía a precios justos en sus localidades. Es una forma de que la gente se organice y resuelva sus propios problemas de conexión.
Además, se les va a echar una mano para que puedan usar la infraestructura de los gigantes de las telecomunicaciones, como sus torres y postes, sin que les cobren un ojo de la cara. Esto siempre ha sido un obstáculo enorme para los pequeños operadores.
Pero la cosa no se queda ahí. La ley también le pone nuevas reglas al juego para todos. Se busca proteger a los usuarios con medidas que suenan a sentido común, pero que hasta ahora no eran obligatorias:
- Celulares libres y recargas donde quieras: Las compañías tendrán que venderte los teléfonos desbloqueados de fábrica. Y se acabó eso de no poder ponerle saldo a tu teléfono en cualquier tiendita; ahora podrás hacerlo sin importar de qué compañía seas.
- Accesibilidad para todos: Las páginas web y apps del gobierno o de servicios importantes tendrán que estar diseñadas para que las personas con alguna discapacidad puedan usarlas sin problemas. También se busca asegurar que las mujeres y niñas tengan el mismo acceso a internet que los hombres.
Y sí, también hay un apartado para las plataformas digitales. Se quiere poner un alto a la propaganda política pagada que viene de gobiernos de otros países, algo que ya estaba prohibido en tele y radio.
¿Y las grandes empresas? Incentivos en lugar de peleas
La idea no es entrar en guerra con el sector privado. Al contrario, la ley quiere que se sumen al esfuerzo. ¿Cómo? Ofreciéndoles descuentos en lo que pagan por usar el espectro si se animan a poner antenas y fibra óptica en esos pueblos y carreteras olvidadas donde ahora no les resulta rentable.

También se ataca un problema que vemos todos los días en las calles: el espagueti de cables que cuelga de los postes. La ley propone un plan para, poco a poco, poner orden y empezar a enterrar todo ese cablerío.
Nuevos árbitros para un nuevo juego
Para que todo esto funcione, se va a reorganizar quién manda en el mundo de las telecomunicaciones. Se creará una Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, con cinco consejeros que serán propuestos por la Presidencia y aprobados por el Senado. Ellos se encargarán de dar los permisos y gestionar el espectro.
Por otro lado, los temas de competencia y monopolios pasarán a la Comisión Nacional Antimonopolio, que ya existe dentro de la Secretaría de Economía. La idea es separar las funciones para que cada quien se enfoque en lo suyo.
Un plan ambicioso, ¿pero funcionará?
Sin duda, esta nueva ley es el intento más serio que se ha hecho en mucho tiempo para que internet sea de verdad para todos en México. Pone el foco en la gente, en las comunidades y en proteger al usuario.
Claro que del dicho al hecho hay un trecho. Hacer esto realidad va a costar una fortuna, va a necesitar que todos los niveles de gobierno se pongan de acuerdo y que las reglas sean justas para todos, tanto para el Estado como para las empresas. Pero la meta es clara: que nadie se quede fuera del mundo digital. Si esta ley funciona, no solo estaremos conectando a 16 millones de personas; les estaremos abriendo la puerta a un universo de oportunidades, de conocimiento y, al final del día, de libertad.
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