Vivir a costillas de “Manuel”  

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Por:Albar Sandoval

Alternativo.mx / Con el estorbo de los años, Ernesto y Mario pujan y batallan para subir los escalones del camión urbano. Uno lleva guitarra; el otro un viejo bajo y una bocina.

“Buen día, señores pasajeros. Permítanos regalarles un poco de alegría luego de la tristeza que nos dejó el mentado Manuel”, dice don Ernesto, aludiendo al paso del huracán “Manuel” por Sinaloa, en un intento de causar gracia en los pasajeros.

Aquí, en Culiacán, este par de hombres de la tercera edad, alquimistas de la música, se saben vender y usan a “Manuel” para ganarse unos cuantos pesos. De entrada, ya llamaron la atención.

La gente los ve caminar por el pasillo, entre mil dificultades. Imposible guardar el equilibrio en la curva del puente Teófilo Noris con un chofer que no respeta a sus mayores. Allá va don Ernesto casi de bruces, pero al final se termina sujeto del pasamanos. No reclama al cafre, sólo se arregla el sombrero. Pero Mario y Ernesto ya tienen callo en estos menesteres.

Zanjan el brete cargando sus instrumentos musicales. Buscan acomodo y se sientan. Don Mario sigue batallando. La bocina, puesta sobre el pasillo, no responde cuando rasca las cuerdas del viejo bajo. Dice algo entre dientes; un improperio tal vez. Jalonea el cable y todo listo.

Con sombrero y bigote, vestidos de camisa blanca y pantalón oscuro, buscan parecer algo más que músicos. “Aah, qué Manuelito este… Con el permiso de los presentes, ahí les va un poquito de alegría”, dice Ernesto.

Empiezan a cantar: Por unos ojazos negros… Son de Quilá. Hace tiempo dejaron la calle Francisco Villa, la de “los chirrines”, y ahora se suben a los camiones y mal cantan desentonados a más no poder. Pero nunca dice adiós…

Aunque la gente les ayuda, más por compasión, en una especie de reconocimiento a ellos que se esfuerzan y no se dejan vencer. Que un viejo amor, ni se olvida ni se deja…, cantan al unísono.

“A nosotros no nos damnificó Manuel, pero con lo que gusten colaborar. Buen viaje y gracias”, dice don Mario con ese extravío en un ojo inservible. Pasa por el pasillo y estira la mano. La gente les da monedas.

Bajan ahí adelante. Esperan el siguiente camión para seguir viviendo a costillas de un huracán injuriado por miles.

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