Neuropolítica | El que se enoja, pierde

Por David Uriarte

Alternativo.mx / La prudencia es la reina de las virtudes. Ya lo dijo Daniel Goleman en 1995 cuando profundizó en el estudio de la inteligencia emocional: “Cualquiera puede enojarse… eso es fácil, pero estar enojados con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta, eso no es tan fácil”.

Enojarse no revierte los resultados. Enojarse no hace que Francia le entregue la copa mundial a Croacia. Enojarse no hace que MORENA le regrese el poder al PRI. Enojarse no hace que Chenel y sus “Cheneladas” cambien. En fin, enojarse solo revela el funcionamiento del cerebro mamífero y su sistema límbico, en especial la reina de las emociones, esa estructura tan estudiada por los neurocientíficos que se llama amígdala cerebral.

Las personas de control emocional sano son prudentes, analíticas y tolerantes. En cambio, las personas de control emocional insano o enfermo, explotan, se enojan, son iracundos, no controlan sus impulsos, ofenden a todo aquel que piensa diferente y se cuecen en el caldo de su propio coraje.

Enojarse ante la evidencia es opción enferma; aceptar la realidad es opción inteligente.

Perder dinero, tiempo, amistades y familia, es el riesgo de los apostadores, aunque igual pueden ganar dinero, amistades, y una nueva familia.

Los 30 millones de electores que se equivocaron o que su candidato no resulto favorecido, pueden caer en la frustración emocional, enojarse con ellos mismos, con las autoridades del INE, con los dirigentes de los partidos, con los otros candidatos o simpatizantes, en fin, se pueden enojar con el mundo, pero eso no revierte o modifica la realidad, solo deja constancia de su inteligencia emocional.

Tanto el que se enoja por la derrota, como el eufórico de triunfo, corren riesgo de no controlar las emociones y ser víctimas de ellas, abandonando la prudencia y dejando en claro su verdadera inteligencia emocional.

La flexibilidad es lo contrario a la rigidez. El que es flexible es tolerante; en cambio, el que es rígido, se fractura y supura enojo y frustración, una inteligencia emocional tan pobre como sus resultados en la vida.

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