Neuropolítica | Las matemáticas de Chuy Valdés

Por David Uriarte

Alternativo.mx / Es cierto que Jesús Antonio Valdés Palazuelos goza de simpatía en gran parte del municipio de Culiacán. Es cierto que es un político disciplinado. Es cierto que mantiene excelentes relaciones tanto en el Comité Ejecutivo Nacional de su partido como en el Comité Directivo Estatal. Es cierto que conserva una sana distancia con algunos cuadros políticos del sexenio de Mario López Valdez. Es cierto que mantiene oxigenadas las relaciones prácticamente con todos los medios. Es cierto que evita hasta donde puede el conflicto con los grupos de poder. Es cierto que conoce al “dedillo” la geografía y la problemática propia de cada colonia, barrio o sindicatura de Culiacán. Es cierto de su habilidad social. Es cierto que sabe escuchar todas las voces. Son ciertas muchas cosas más que le abonan a su rentabilidad como político de resultados medibles, sin embargo, eso no está a discusión ni forma parte de su ventana de oportunidad para consolidar sus logros y coronar sus aspiraciones.

Lo que Jesús Valdés debe contemplar son las matemáticas electorales que se traducen en votos; lo demás solo viste las buenas intenciones.

En un ejercicio de probabilidades estadísticas, del total de los votantes en Culiacán, históricamente el 40 por ciento no ejerce su derecho al voto por una u otra causa.

Los candidatos de las coaliciones Juntos Haremos Historia y Por México al Frente suman un porcentaje impredecible; sin embargo, en un buen español, el efecto MORENA y el efecto PAS, potencializado por los inconformes del sistema, pueden restarle al 60 por ciento de los que sí votan, por lo menos la mitad, si no es que más.

Hipotéticamente, de cada cien votan sesenta, y la competencia se lleva treinta, entonces Jesús Valdés se quedaría con 30 votantes que representan el 50 por ciento de la votación.

Visto desde el 50 por ciento es una cosa, pero entendiendo que ese 50 por ciento representa solo tres de cada diez votantes, entonces la ecuación se traduce en “gobernabilidad” y/o representación.

El esfuerzo no siempre es proporcional al resultado. En la competencia electoral, la diferencia siempre es matemática.

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