Neuropolítica | Confianza: el santo grial

Por David Uriarte

Alternativo.mx / La moneda de cambio en la oferta política es la confianza, sin ella no hay triunfo. Finalmente, lo que compra el elector es la esperanza a través de la confianza.

Confiar es un acto de fe; es creer en otra persona o exponerse de nuevo a la traición. En fin, la confianza es el tema psicológico que supera cualquier dádiva, promesa, discurso, partido, color, grupo, estructura, experiencia, capacidad e incluso la vocación.

Si tan solo los candidatos se dedicaran a escuchar el lenguaje verbal de la desconfianza, o interpretar el lenguaje no verbal del miedo a la traición, podrían construir un vínculo más allá de la superficialidad y la euforia de la gorra, la camiseta, el abanico o el suvenir que trata de anclar un compromiso más falso que la sonrisa sarcástica del traicionero.

Entre el marketing comercial y el Neuromarketing político, hay una diferencia como entre la astrología y la astronomía. Mientras la astrología pretende conocer y predecir el destino de las personas, la astronomía es una ciencia que estudia los cuerpos celestes, planetas, satélites, cometas, estrellas, galaxias y la radiación electromagnética: es una ciencia.

Creer o esperar el triunfo desde la lectura reduccionista del número de asistentes a un mitin, la algarabía, la estridencia musical o la cantidad de recuerdos repartidos, es creer que el sol le da la vuelta a la tierra.

La conciencia y la voluntad son variables que solo se catalizan con la confianza, el grial que simboliza la oportunidad del vínculo entre el que pide y el que da.

Cuando el amor se vende, se prostituye, lo mismo le pasa al sufragio, cuando vendas el voto no esperes que te cumplan, y cuando compres el amor no esperes que te quieran, porque vas a morir de decepción. Solo en la confianza transita fe, y solo en la fe se puede esperar lo que no se ve o tener certeza de la esperanza.

Los traicionados una y otra vez ya no pueden confiar, les gana la paranoia de la desconfianza, sangran frustración cada vez que los dejan hablar, ven la espada de la traición en el discurso político, sienten la inminencia de una historia que se repite sin importar el color, y siguen buscando una sola cosa: en quién confiar.

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