Neurociencia | Cuando la ideología enferma

Por David Uriarte

Alternativo.mx / La epidemia ideológica aparece en tiempos de crisis, como las enfermedades respiratorias en tiempo de frío.

Así como las bacterias o virus se activan con el cambio de clima, así la ideología se despierta con la confrontación de pensamiento. La diátesis del control, la manipulación o el direccionamiento de la conducta social subyace en el discurso fundamentalista de los doctrinarios del poder.

Hombres y mujeres que venden su verdad como dogma terminan en la obsesión patológica. Los enfermos que predican su verdad basada en la ideología de lo fácil, lo mágico o religioso, pierden la noción de lo humano: la diferencia.

La ideología como disciplina filosófica es una cosa y como obsesión irracional se convierte en creencia, y como creencia se transforma en verdad, y como verdad intenta convertirse en conocimiento que forma premisas, y ahí reside la enfermedad de la devaluación de la ideología que no soporta el escrutinio epistemológico.

Las premisas de los obsesivos parten de ideas que dan como ciertas, incluso las usan como base de su razonamiento aunque las evidencias no les favorezcan.

Perder la función mental ejecutiva de la razón y no conceder espacio a la divergencia o diferencia, es aplaudir al delirio propio de la irracionalidad funcional, por eso, lo dogmático se protege y no admite escrutinio, solo fe.

Así como el niño usa la virtud de la fantasía, así algunos virtuosos de su niñez entrampada en su desarrollo usan la ideología como vía de escape y fuga de los recuerdos tortuosos que les dejó la figura de autoridad o la ausencia de la misma.

Es interesante contemplar a los enfermos de la ideología, es decir a los que sufren, se enojan, se frustran, se distancian, y hacen pataletas en franca regresión a su niñez buscando dos cosas: la comprensión y la aprobación ajena.

Las crisis son para crecer, reza el refrán. Sin embargo, también son terapéuticas en tanto muchos logran superar su enfado, hacer una reflexión y una visualización desde una tercera persona que les despierta y los saca del juego ideológico cuyo resultado es el malestar social.

Cuando la tolerancia se reduce, la obsesión es la intrusa y el coraje el postre diario. Cuidado.

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