Neuropolítica | Si no sabes, mejor cállate

Por David Uriarte

Alternativo.mx / Nunca falta el que presume saber todo y de todo: la ignorancia tiene sus adeptos.

En la ciencia, educación, salud y por supuesto en la política, los gambusinos de la información se pueden convertir en voceros de la mentira.

Hay mentiras hijas de la ignorancia y mentiras hijas del dolo, en ambos casos, lo que se oferta es basura psicológica.

Si bien es cierto que todo mundo tiene derecho a decir lo que piensa, también es cierto que la salud mental depende en mucha medida de la capacidad de juicio, una de las funciones ejecutivas del cerebro sano.

Una persona en su sano juicio conecta lo que sabe con lo que piensa, y lo que piensa de lo que sabe con lo que dice. Estar seguro no siempre significa que sea cierto, la seguridad que brota de la necesidad o la carencia propia es una fantasía que ilumina la obscuridad de la razón.

La facilidad con que se expresa la ignorancia tiene su origen en la inconciencia, es decir, no hay reflexión, solo la salida fácil del impulso primitivo de expresar algo como grito suplicante de “aquí estoy”.

La ignorancia tiene un acompañante frecuente que se llama vacío, por lo tanto, si se junta la ausencia de conocimiento con la ausencia de rumbo o sentido de vida, lo que tenemos es la expresión válida pero poco funcional de un cerebro mamífero, como un perro que ladra, una yegua que relincha o una cabra que bala.

En otras palabras, la facilidad expresiva de ideas infundadas, paranoicas y eventualmente esquizofrénicas, confunden en principio a quien las emite y con facilidad a quien las escucha, por eso, hay que tener cuidado con lo que se escucha o se lee.

Afirmaciones mesiánicas y dichos contundentes construyen una percepción social que se transforma en poco tiempo en la raíz de la frustración que será el látigo del desprecio a la clase política. El engaño social dura lo que dura un fuego de artificio.

En los días previos a las designaciones de los sacrificados o los premiados en la política, la incertidumbre es la materia prima de la ignorancia que no puede permanecer en silencio. Decirle a los príncipes de la verdad “si no sabes mejor cállate”, es como decirle al niño con urticaria que no se rasque.

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