Neuropolítica | Cuídate Juan, que por a’i te andan buscando…

Por David Uriarte

Alternativo.mx / Excepto los de la intención, los demás nunca pensaron en la muerte trágica de Luis Donaldo Colosio en Tijuana, o la del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en Guadalajara. Las actividades propias del oficio o profesión adjuntan riesgos inherentes, es decir la toma de decisiones puede beneficiar a unos y lastimar a otros, aunque estén sustentadas en la justicia y la razón.

Todas las historias de asesinatos tienen una dosis de sentimiento de envidia y ofensa. En nuestro país desde el 2013 a la fecha han asesinado a 27 alcaldes y 39 periodistas, razón suficiente para entender la magnitud del riesgo del oficio.

Voltaire escribió: “…sólo entre hombres de bien puede existir la amistad, ya que los perversos sólo tienen cómplices; los voluptuosos, compañeros de vicio; los interesados, socios; los políticos, partidarios; los príncipes, cortesanos. Únicamente los hombres honrados tienen amigos”.

La supuesta alegría o sana convivencia de un oficio se transforma en una serie de manifestaciones conductuales que van desde el silencio o la distancia, hasta la expresión de exterminio, cuando el efecto embudo se presenta. La envidia y la ofensa es la motivación de la conducta insana, y ambas surgen de un desequilibrio mental.

Sentir envidia por la naturaleza o la condición ajena es manifestación primaria y rupestre de un desarrollo psicológico disminuido. Que la envidia motive la intención o pensamiento asesino es más que evidencia de una personalidad sociopática.

Hay políticos que además de sentir envidia, se ofenden al saberse excluidos de la voluntad cupular o popular, su carisma se ve raído y sus genes agresivos se activan dando paso a las amenazas, la intriga y la violencia extrema.

Los asesinatos de alcaldes y periodistas en México se dan en un contexto donde el sentimiento de envidia y ofensa, son los filamentos de la mecha que detona la pólvora de la intolerancia a la frustración, de aquellos que se compraron la idea de ser los reyes del mundo de la política.

Extorsiones, amenazas y fuego amigo, son los saludos de muchos políticos que en su tiempo decían dar la vida por aquel que hoy quieren exterminar. “El que tenga oídos para oír, oiga”.

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