Neuropolítica | Profetas de la política

David Uriarte

Alternativo.mx / Entre analista y profeta hay una diferencia, como entre matemático y mago.

La inspiración divina se apodera de los profetas de la política y les induce vómito dogmático; a diferencia de los analistas, que examinan las variables como materia prima del pensamiento deductivo con un margen de error calculado y consciente. Los profetas de la política suponen con seguridad irracional, cultivan adoradores de la especulación, tienen una labia seductora, regularmente son buenos conversadores, fantasiosos, mitómanos, narcisistas, ocasionalmente irreverentes, y con un sentimiento de no ser comprendidos, valorados o entendidos.

Todos los tiempos son buenos para la profecía política, pero las vísperas de los comicios electorales son los mejores. Todos los días, la sociedad y los políticos desayunan buffet de lo que hoy se conoce como “false news” o noticia falsa. ¿Es la noticia falsa producto del error, o producto de la intención?

La famosa guerra sucia hace acopio de todos los instrumentos y métodos posibles para vencer al enemigo. Algunos políticos son víctimas y otros victimarios de esta táctica.

Los operadores de las noticias falsas difícilmente convencen a los analistas, pero los profetas de la política sienten la falsedad de la información como fuente inagotable de su inspiración divina.

La virulencia de las noticias falsas, como predicciones divinas, pueden incidir en la percepción social dándole un rumbo distinto a la razón y la verdad. Hoy, la sociedad tiene a la mano muchas vías de información inmediata, hoy las redes sociales construyen ideas, pensamientos o modifican la percepción y la intención.

La carrera del político puede durar muchos años en consolidarse. Basta un profeta de la política o un operador de falsas noticias para ponerlo fuera de combate.

Reza el adagio: “Cura más el brujo con su fe, que el médico con su ciencia”. En esta analogía, la sociedad puede llegar a creer más en las afirmaciones del profeta de la política, o modificar su percepción por una falsa noticia, que detenerse en los razonamientos y abstracciones del analista informado.

Aquí aplica el dicho: “En el amor y la guerra todo se vale”… en la política también.

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