Neuropolítica | Los varones de la política

David Uriarte

Alternativo.mx / Hagamos un ejercicio mental y rescatemos de la memoria reciente los políticos asociados a las siguientes palabras o frases.

A cada palabra o frase, asóciale el nombre de un político. Puede ser que ese varón tenga más de una palabra que lo describa: macho, varonil, afeminado, heterosexual, bisexual, homosexual, libidinoso, impotente, enamorado, fiel, infiel, monógamo, polígamo, mujeriego, soltero maduro, divorciado, casado, maniático, cornudo, violento, pobre, rico, corrupto, inteligente, corajudo, impulsivo, mentiroso, inepto, arrogante, prepotente, soberbio, antipático, vanidoso, ansioso, triste, alegre, ludópata, deportista, enfermo, feo, guapo, simpático, religiosos, espiritual, técnico, estudioso, limitado, desconfiado, miserable, honesto, deshonesto, alcohólico, cocainómano, vegano, bilingüe, paciente, tímido, difícil, desvergonzado, flojo, trabajador, suertudo… En fin, para el ejercicio quedémonos con estos atributos.

Los varones de la política, antes que nada, son personas, y como tal tienen un sello característico y una personalidad que los hace únicos.

Un político puede ser muy inteligente, muy preparado, muy varonil, deportista, pero eso no le quita la posibilidad de ser pícaro o corrupto. Por otra parte, un político puede ser honesto, rico, casado, guapo, deportista, vegano, sin embargo también puede ser violento, soberbio, prepotente, arrogante, antipático y muchas cosas más.

El perfil de los varones políticos siempre está salpicado por los riesgos propios del sexo, el dinero y el poder. Casi todos los políticos son víctimas de aseveraciones a veces infundadas, las más frecuentes relativas a su orientación sexual, sus ingresos y sus relaciones con el mundo de la delincuencia organizada.

Las críticas van dirigidas a la hombría, la economía y las relaciones con el mundo del narcotráfico principalmente. De pronto, el desempeño político se ve empañado por sus gustos, placeres o preferencias sexuales, por el origen de sus propiedades o riqueza acumulada, y por sus relaciones con personas que viven al margen de la ley.

Los varones de la política tienen que pagar el precio de su vocación o su atrevimiento.

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