Neuropolítica | Herencia asesina

 

David Uriarte

Alternativo.mx / Stephen Paddock, un hombre de 64 años, jubilado, con tres antecedentes de importancia en el análisis psicológico de su perfil criminal.

Fue un hombre trabajador; ahí se refugió y escondió parte de su impulso sociopático. Hace 27 años estuvo casado por seis años en búsqueda de una familia que le diera contención emocional y aceptación social. Sus cromosomas derivan de Patrick B. Paddock, un violento ladrón quien estuvo en la lista de los más buscados por el FBI en la década de 1960.

Ni el trabajo, ni la pareja, ni su jubilación pudieron contener la predisposición criminal que se desbordó antes de suicidarse, dejando 59 muertos y 527 heridos. Es tanto el coraje con su vida, que casi todos los sociópatas optan por quitarse la vida, como expresión de rechazo a la misma.

El ataque de locura homicida es una enfermedad psiquiátrica que hace a la persona afectada vivir una reacción psicótica con confusión, seguida de amnesia y desencadenada por una frustración muy personal, a esto se le conoce como síndrome de Amok.

Es apresurado clasificar a Paddock como portador del síndrome de Amok, como apresurado es afirmar que fueron los genes los que explotaron en una conducta antisocial y homicida. Lo evidente son los hechos y sus consecuencias, un trastorno del juicio cuyo resultado enluta a 59 familias, asusta a 527 y entristece a millones de personas en todo el mundo.

Lo que se puede rescatar de estos acontecimientos criminales son muchas cosas, entre ellas, que se van a volver a presentar. Es como los terremotos: sabemos que sucederán, lo que no sabemos es cuándo o dónde, y en este caso no sabemos quién será el próximo sociópata que le arrebate la vida a más inocentes, ni el número de víctimas fatales, pero volverá la noticia fúnebre de la herencia asesina.

Entre la herencia y el aprendizaje se modela la función o disfunción de la persona. La herencia no se puede cambiar o modificar, pero el aprendizaje surge de un modelo de crianza donde el afecto es el factor principal.

Sentir rechazo es peligroso. Usar a las personas como objetos catárticos por donde se canaliza el coraje al rechazo, puede ser una monstruosidad.

 

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