Neuropolítica | ¿Amistad o complicidad?

David Uriarte

La línea que divide la amistad de la complicidad es muy delgada, incluso a veces esta línea es violentada por la complicidad y la amistad pasa a segundo término.

En la amistad prevalece el afecto; en la complicidad, el negocio. La amistad cobija secretos como instrumentos de contención emocional; la complicidad usa los secretos como arma de defensa futura.

Es propio del humano buscar su bienestar y construir confort usando su capacidad de socialización. Esta es la inteligencia social.

De la amistad puede nacer la complicidad o al revés. No es que la amistad engendre por sí misma la complicidad. Es la amistad un reducto de confianza donde la intimidad da paso a la verbalización de ideas que pueden constituir conductas retorcidas o incluso delictivas. Tampoco es que la complicidad construya a través de la culpa la pila de la expiación que dé paso a la amistad.

En la política y la administración pública, la puerta del negocio lícito puede ser la calidad de los productos o servicios, el precio, la garantía, pero también la amistad o la complicidad.

La contaminación de la amistad por la complicidad no es propia del gobierno o la política; existe donde hay personas. El riesgo es igual en la iniciativa privada, en el gobierno o en el sector social, incluyendo las organizaciones de beneficencia social o filantrópicas.

¿Cuantas amistades sólidas en el tiempo, parentesco, laborales o sociales, se han fracturado al tocar intereses económicos?

La complicidad mantiene una seducción histriónica. Es decir, detrás de la simpatía que fortalece y pondera la supuesta amistad, existe un interés tan legítimo como las ganancias, o tan riesgoso como las pérdidas y sus consecuencias. La sonrisa del político al saludar a su gente de confianza, a su familiar, al recomendado, al empresario o a su amigo, puede ser producto del vínculo afectivo que ha construido con ellos, o de la complicidad gestada a través de los negocios.

Los especialistas en el cabildeo o de la negociación, usan su habilidad social para interconectar la obra, producto o servicio, con el presupuesto y su depositario. En un ejercicio honesto de reflexión, ¿qué habrá más… amigos o cómplices?      

 

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