Neuropolítica | La serendipia del poder político

David Uriarte

El proceso electoral federal que se llevará a cabo el 1 de julio de 2018 es el mecanismo democrático para renovar la Presidencia de la República, 128 senadores, 500 diputados federales, 9 gubernaturas, 983 diputados locales, alrededor de 2000 alcaldías y, por primera vez, los habitantes de la Ciudad de México elegirán a sus 16 alcaldes… la concurrencia más grande en la historia electoral de la México.

Dinero y poder son los temas obligados en este proceso. ¿Cuál es el monto de este monstruo de proceso electoral concurrente? Y, ¿cómo se hará el reparto del poder?

La primera interrogante ya está contestada: el pueblo paga. La segunda interrogante está en la olla de la cocción política desde hace años. El reparto del poder político surge de la planeación estratégica e inteligente.

El poder no se puede obtener por serendipia –chiripa, carambola, casualidad–, aunque hay sus excepciones. Por ejemplo, cuando un político es afortunado por la desgracia de otro, esa es una serendipia, tal es el caso de Ernesto Zedillo quien se convierte en candidato del PRI a la Presidencia de la República tras la muerte de Luis Donaldo Colosio.

En la próxima concurrencia electoral, se renovarán alrededor de 3 mil 600 puestos de poder político de primer nivel, es decir, en esa suma no se contemplan regidurías, y todo el aparato burocrático y administrativo que obtienen un salario de origen federal, estatal o municipal.

La serendipia hará de las suyas y muchos rostros nuevos aparecerán en la gran marquesina de la cartelera política 2018. Muchos políticos nunca imaginaron ejercer el poder desde la silla ganada en las urnas, incluso jamás se visualizaron en una boleta electoral, pero la serendipia marcó sus destinos y ahora son parte de la historia.

También forman parte de la historia todos los políticos frustrados, perdedores o aspirantes a políticos que se han quedado en el camino de la elección popular. En el proceso electoral 2018, por cada candidato ganador habrá por lo menos entre 8 y 10 candidatos perdedores, y por cada candidato perdedor habrá miles de ciudadanos que se sentirán frustrados, tristes, enojados o desilusionados.

En política, la serendipia es la excepción.  

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