“Inseguriditis” aguda, la epidemia que le tocó a Jesús Valdés

Por David Uriarte Gastélum

Alternativo.mx/ Los temas relacionados con la seguridad pública en Culiacán brotan de manera espontánea entre sus habitantes. La estadística oficial de la incidencia delictiva en el estado de Sinaloa, revela cifras elevadas en su capital.

La percepción del grado de inseguridad en las calles, colonias y sindicaturas de Culiacán, se deriva de los hechos lamentables como los homicidios dolosos, las afectaciones al patrimonio familiar, y todo aquello que se clasifica como delitos de alto impacto.

La difusión de los esfuerzos, medidas, y acciones tomadas por la administración de Jesús Valdés en materia de seguridad pública se ven eclipsadas por el miedo, la frustración y el coraje de las víctimas directas o colaterales de los delitos.

El contagio de las emociones negativas como la percepción de la inseguridad, es por contacto visual, auditivo o verbal, es decir, basta tener la vivencia, ver, oír, exclamar, decir, informar, o publicar las experiencias traumáticas propias o ajenas, para contaminar la conciencia social y construir una especie de epidemia de “inseguriditis” aguda.

Mientras se vea la moneda de la violencia como si tuviera un solo lado, la flecha de la culpa siempre apuntará al gobernante en turno. La moneda de la violencia tiene dos lados: el sociofamiliar y el gubernamental.

El sociofamiliar tiene que ver con el aprendizaje sociopático de los hijos en el seno de la familia disfuncional, y el gubernamental con la impunidad, motor de la corrupción y el delito. La naturaleza y vocación de la familia, es construir hijos funcionales, a eso hay que apostarle si se quiere vivir en una sociedad en paz.

Es bueno tener patrullas, armas, videocámaras, equipo táctico, estar en capacitación continua, pero es mejor construir ciudadanos de bien. La mejor arma para prevenir el delito es el respeto, y el arsenal del respeto debe estar en cada uno de los hogares.

La “inseguriditis” aguda se trata administrándole a cada hijo una dosis de respeto por la vía familiar, en cada momento, por toda la vida. La casa limpia no es la que se barre más, sino la que se ensucia menos, y la ciudad más segura, no es la que tiene más policías, sino menos delincuentes.

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