NEUROPOLÍTICA | Sex and the City

Por David Uriarte

 

Alternativo.mx/ Sex and the City es una serie de televisión basada en el libro del mismo nombre escrito por Candace Bushnell, transmitida por el canal HBO de 1998 a 2004. Los temas relativos a la sexualidad, específicamente al erotismo, están vigentes en todos los ámbitos laborales y el político no es la excepción.

En 1998, el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, protagonizó uno de los escándalos político sexual más sonado en el mundo. Guardada toda proporción, en Sinaloa también hay expresiones eróticas de personas cuya actividad preponderante es la política.

La expresión erótica es propia del humano, tiene sus reductos preferentes y es vista con la lupa del juicio moral o el microscopio de la ciencia. Genitalidad no es sexualidad, sin embargo, atrae la atención del humano como puerta de pensamientos y fantasías inimaginables. El erotismo como potencialidad se pasea por todas partes, incluye recintos gubernamentales, legislativos, judiciales, religiosos, académicos, en fin, el único requisito para la potencialidad erótica, es la existencia.

Las expresiones comportamentales de la sexualidad van desde la represión y la culpa, hasta la exhibición y búsqueda de la recompensa placentera. Si los temas de la sexualidad resultan importantes en cualquier orden, el erotismo ocupa sin duda los primeros lugares tanto en el silencio de la mente, como en el ruido de la expresión pública.

El recién electo Presidente de Francia, Emmanuel Macron, convive con Brigitte Trogneux, una mujer 25 años mayor que él. Ahora el Palacio del Elíseo en París será testigo de la Gerontofilia, atracción por las personas de la tercera edad. Las relaciones humanas siempre tienen un toque de sexualidad en tanto no todo es erotismo y genitalidad, el amor, el apego y la amistad son vínculos que pertenecen a otras potencialidades de la sexualidad humana.

El erotismo puede ser la sombra de la represión o la luz de una sexualidad sana, sin confundir el derecho al placer con el respeto a la privacidad. La expresión pública del erotismo se relaciona con el deseo, pero también con las fantasías de los que ven, envidian o reprimen su propia sexualidad.

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