NEUROPOLÍTICA | ¿QUÉ CULPA TIENE EL “CHUY VALDES”?

Por David Uriarte

Alternativa.mx/ La percepción de violencia, inseguridad y corrupción en Culiacán, es un fenómeno sociocultural contemporáneo. Si bien es cierto que la descripción no resuelve el fenómeno en estudio, también lo es que anida daños políticos y sociales colaterales.

En distintas fuentes de información se ventilan datos que fortalecen las variables en estudio, violencia, inseguridad y corrupción en Culiacán. El asunto es contextualizar los hechos, por ejemplo, una cosa es que sucedan geográficamente en un lugar, en este caso en Culiacán y otra distinta la competencia y responsabilidad de las autoridades.

El ámbito de competencia relativa a la conducta sociopática violenta, condiciones de seguridad pública y actos de corrupción de servidores públicos del Municipio, el Estado y la Federación, está legal y jurídicamente determinada, sin embargo, la percepción social y el juicio político vulnera la figura del Presidente Municipal sin dejar sentida la figura del Gobernador.

La historia en la incipiente administración de Jesús Antonio Valdés Palazuelos, es un catálogo de actividades y acontecimientos que se escriben con tintas y manos diferentes, es decir, mientras las actividades políticas se pueden planear en el escritorio y consensuar sus ganancias, los acontecimientos que oscurecen el cielo de la esperanza social se construyen en el pensamiento criminal y se verbalizan con los actores materiales de la desgracia.

El instinto colectivo y la esperanza de la población es conservar la vida, la seguridad y los bienes, por lo tanto, el número de homicidios, lesiones y robos es la materia prima para evaluar el desempeño de cualquier administración pública Municipal, estatal o Federal.

Aunque el presidente municipal escuche y eventualmente resuelva las peticiones de los ciudadanos agraviados por una realidad política y social histórica, todo lo que pase en Culiacán, desde los incendios que dejan páginas abiertas a la especulación, hasta las fugas de los penales, las balaceras y los enfrentamientos entre grupos del crimen organizado. Es decir, todo lo que pase en Culiacán, estará envuelto en la percepción social de que la culpa, la tiene el “Chuy Valdés”.

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