NEUROPOLÍTICA | ÁLTER EGO

Por David Uriarte

Jesús Antonio Valdés Palazuelos, Presidente Municipal de Culiacán, tiene virtudes, defectos y su álter ego. La señora presidenta, obra que protagonizaba Gonzalo Vega, dejaba ver las entrañas de una relación que aparentaba control y liderazgo, pero en la intimidad las cosas no eran lo que parecían.

La imaginación puede construir el escenario donde el Presidente Municipal, en sus momentos de reflexión, necesite escuchar o ser escuchado por alguien, alguien de su confianza o alguien que piense que es de su confianza. Las explosiones emotivas y los exabruptos impulsivos se originan en la impotencia e intolerancia de una realidad que lastima al sujeto, pero no es propio del político avezado hacerlo en público, para esto necesita un lugar seguro y un alter ego que le aconseje y lo escuche.

Las personas que se erigen en álter ego, se sienten merecedores de la confianza del jefe, e incluso llegan a pensar que son más inteligentes que él. El álter ego de Jesús Valdés debe conocer muy bien las fibras sensibles de su jefe, sus fortalezas, el lado amable y la vena seductora para promover la imagen rentable en el negocio de la política. Salir a la palestra con un rostro fresco, sonriente, radiante de energía y con la malicia suficiente para sortear las miradas y señales de un público heterogéneo, requieren de un trabajo emocional previo, trabajo a cargo del o los álter egos.

Las delicias del poder, como dice una servidora pública del primer círculo de Jesús Valdés, se sostienen con alfileres cuando el tiempo es el verdugo y los adversarios políticos observan con lupa lo que se hace o deja de hacer en un municipio más que complicado, hiperpolitizado.

Sin la presencia de los consejeros, asesores y personal de confianza, sería prácticamente imposible observar al álter ego de cualquier político, el álter ego es más que todos juntos, es la conciencia del político encarnada en otra persona, es en algunos momentos la autoridad que impone orden y dicta las directrices de una lógica que pocos entienden, pero lo curioso es que el político sucumbe a su voz, su mirada, sus gestos y sus excesos impulsivos. ¿Quién será el álter ego de Jesús Valdés?

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