Neurociencia: El olfato, detonador de emociones y recuerdos

Los sentidos detonan la vida

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Imagine la escena, una persona cualquiera camina distraído por alguna calle de su barrio cuando de pronto le llega el aroma de un perfume especial, por ejemplo ese que usaba su primer amor en el momento del primer beso. Quizá en este punto la historia le esté resultando conocida y le ha pasado ya algo parecido.

A primera vista podría pensarse que es una casualidad sin demasiada importancia, pero lo que ocurre resulta ser bastante más complejo: ese aroma despierta en nuestro personaje una telaraña de sensaciones, emociones y recuerdos que lo transportan a re-vivir en su mente aquel momento al grado de hacerlo olvidar por un instante el lugar y tiempo en el que se encuentra.

Buscaré explicar en las líneas que siguen la magia de este sentido tan particular y debo decir tan primitivo: el olfato.

Con la promesa de no ser demasiado técnico, hablaré un poco sobre cómo es que el cerebro recibe los estímulos del mundo desde los cinco sentidos, para en ese contexto comprender cuáles son las peculiaridades que hacen al olfato tan especial. 

Imagine un cerebro, casi todo lo que puede percibirse a simple vista se llama la corteza y es a donde al final llega lo que captan los sentidos. Por ejemplo cuando usted fija la atención en una imagen, ésta pasa por sus ojos y llega hasta la parte posterior de su cabeza llamada lóbulo occipital. Los sonidos llegan al lóbulo temporal, lo puede ubicar fácilmente un poco arriba de donde está su oído.

Es importante mencionar que la información no llega directamente a la corteza ya que debe pasar por una pequeña ‘avellana’ que se encuentra al interior de su cerebro llamada tálamo, donde se realizan funciones previas como por ejemplo un nivel básico de filtrado.

El proceso que ocurre para construir la realidad en esa corteza será tema de algunos otros artículos, baste por ahora con mencionar que desde ahí hay comunicación directa de estas áreas sensoriales con las estructuras que se encuentran al interior de su cerebro llamadas sistema límbico y que entre otras cosas se encargan de dos procesos importantes: las emociones y la memoria.

Puede ahora imaginar el proceso: recibe información desde los sentidos, a través del tálamo se reparte a la corteza cerebral, ahí se asocia y relaciona con las áreas involucradas con la memoria y las emociones y eso crea en su mente lo que llamamos realidad.

Desde luego es algo más complejo, pero en lo general así es como funciona en todos los casos excepto el olfato y en eso es en lo que radica su magia y capacidad para transportarnos rápidamente como le ocurrió al hombre que inocentemente caminaba por la calle y mencionamos al inicio.

Qué es lo que hace este sentido tan poco apegado a las reglas, de entrada es el único que no pasa por el tálamo y además tiene vía directa al sistema límbico. Imagine su poder, cuando los demás están dando vueltas por su cerebro en el proceso que comentamos, nuestro amigo llega directo al ‘centro de control de las emociones y la memoria’ despertando estados internos que es justo decir pueden ser agradables o desagradables. 

Considere la magia de los aromas en una cena romántica, o para crear atmósferas especiales de trabajo o descanso. Imagine un baño en el que utilice algún aceite o jabón con ese aroma especial que quizá ahora esté imaginando.  Desde la neurociencia podemos hoy decir que los aromas no son un tema menor y que el mejor guía hacia un viaje emocionalmente intenso es… su olfato. Será agradable ponerlo a prueba, inténtelo.

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