En Familia | Y tu hijo ¿qué eligió? ¿fiesta o viaje de graduación?

Adriana OlveraAlternativo.mx | Hace un par de semanas me visitó en consulta una madre de familia muy angustiada y llorando desconsolada, porque su hija le dijo que si no le daba autorización para irse al viaje a la playa de fin de estudios de preparatoria la “odiaría” toda la vida.

Luego de tranquilizarla,  le pregunté su respuesta a tal amenaza, que por firme que sea, tambalea a cualquier padre de familia.

Ella le firmó la autorización. El temor de ser odiada por su hija y su rechazo e indiferencia hacia ella, a pesar de estar en contra del viaje, terminó con un “sí te dejo ir” y con un cálido y fuerte abrazo entre ambas.

Ahora, la mamá ha perdido el control, después de ese permiso, su hija no pide, exige, y se va a toda fiesta, pues la primera ventana que se abrió dejó lugar a las siguientes oportunidades. Además no hubo condiciones, advertencias, ni reglas antes del viaje.

Apreciables lectores, ¿recuerdan? era muy común entre los estudiantes de preparatoria y algunas escuelas secundarias que al finalizar sus estudios se organizaban los directivos y maestros, en acuerdo con sus padres y los mismos estudiantes, de reunirse con sus compañeros para celebrar su graduación, compartiendo unos días de sana diversión en algún balneario, supervisados y APROBADOS por padres o profesores.

Ahora es a los jóvenes a quienes las agencias de viaje les exponen los paquetes atractivos que incluyen varios días en la playa (aún sin que sean revisados por los padres), y los padres además no se atreven a exigir conocer el plan para no evidenciar y avergonzar  a los hijos y sean rechazados o llamados ‘loser’ (perdedores).

Estos paquetes no son una diversión sana siempre, entre otras cosas, incluyen “barra libre de bebidas nacionales”, visitas al “antro”, after, etc. Y los padres de familia, ciegamente, incluso les damos a elegir entre fiesta o viaje para “premiarlos”, o ambas cosas y porque merecen estar contentos, además, porque están en edad de disfrutar, “ahora que son jóvenes”.

Papás, ¡abran los ojos! Esos paseos se han convertido en una serie de parrandas con excesos y sin control, y sin la supervisión necesaria de los profesores, en los que se les permite a los jóvenes que hagan todo lo que los divierta, esté bien o mal.

Es bueno que confiemos en la formación que les hemos dado a los hijos, pero no olvidemos que a esa edad son inmaduros y vulnerables, capaces de tomar riesgos muy serios,  buscan conductas para desafiar el peligro, reunidos sin más propósito que el de parrandear a rienda suelta y todo esto cuando todavía no tienen autocontrol.

No tienen la responsabilidad y la madurez suficiente para reconocer las consecuencias y trascendencia que pueden tener sus actos. Si la mayoría lo hace, aunque ellos no lo planeen, no se quedarán solos encerrados en su habitación.

Amar a los hijos es decir NO, cuando implica un serio peligro para ellos.

Por el contrario, no los amamos lo suficiente cuando consentimos que ellos participen en experiencias que pueden atentar contra su integridad física, emocional o moral.

Si esto piden y se les concede ahora, qué pedirán cuando terminen su carrera.

Recordemos que buenos padres no son los que les dan todo para que nada les falte o para que nos quieran o nos  acepten siempre,  sino quienes tenemos la valentía de ejercer con amor los límites de ser verdaderos padres.

Adriana Olvera Medina

Terapia Familiar Sistámico-Dinámica

Orientación y Educación Familiar e.mail: adolmac1@hotmail.com

Twitter: @AdrianaOlvera24

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